Gajes del oficio le llaman. Lindo partido, como hace rato no se veía, estaban disputando los clásicos rivales, Española e Italiana. En determinado momento en el fragor del ir y venir permanente y de las marcas pegajosas, Agustín Guerra sufrió las consecuencias de la "batalla". Un rival en el afán de quedarse con la naranja lo manoteó al petiso y la camiseta dijo basta. No aguantó y se rajó de manera increíble a la altura del hombro. El hombre quería seguir jugando así pero los árbitros le dijeron que solucione el inconveniente. Rápidamente saltó a la cancha Samuel (el que está en todas en los Tanos) y le hizo unos arreglos con cinta. De esa manera el base siguió jugando tranquilo entre murmullos y la risa de los concurrentes. Ah, eso sí hay que reclamar que a la pilcha la hagan contra todo tipo de contratiempos y más aún cuando se juega con el rival de toda la vida y nadie te regala ni un centímetro.